Portugal a través de tres hoteles únicos
Hace año y medio que Portugal se convirtió en mi hogar y desde entonces he descubierto rincones que me han sorprendido y enamorado. Algunos de ellos los viví a través de tres hoteles muy especiales: Octant Douro, São Lourenço do Barrocal y L’AND Vineyards, estancias que me llevaron del silencio del río a la tranquilidad del campo y al refinamiento de la cultura del vino.
Octant Douro
Mi experiencia en Octant Douro fue una de esas que se sienten como una pausa necesaria. Ubicado en pleno Valle del Duero, este hotel combina un diseño moderno con un entorno natural que invita a bajar el ritmo desde el primer momento. Nada más llegar, el paisaje lo dice todo: viñedos en terrazas, el río serpenteando y una calma difícil de describir.
La habitación era luminosa, amplia y pensada para disfrutar del exterior. Pasar las mañanas en el balcón observando el Duero, se convirtió en uno de esos pequeños rituales que hacen especial una estancia. La piscina infinita, con vistas abiertas al valle y el spa fueron el complemento perfecto para desconectar por completo.
La propuesta gastronómica también estuvo deliciosa, con productos locales y vinos de la región que conectan directamente con el territorio.
São Lourenço do Barrocal
El fin de semana de mi cumpleaños lo pasé junto a mi pareja en el maravilloso São Lourenço do Barrocal, un lugar que se siente especial desde el primer instante. Nada más llegar, tuve la sensación de haber viajado en el tiempo: una finca del siglo XIX cuidadosamente restaurada, rodeada de olivares y colinas con un encanto rústico que te envuelve.
La habitación, decorada con muebles artesanales y tonos cálidos, hacía que cada despertar fuera tranquilo y acogedor. Durante el fin de semana disfrutamos entre paseos por la finca, observando a los caballos, visitando los huertos y degustando vinos y aceites locales. Todas las comidas que hicimos en el hotel fueron un reflejo fiel de la región del Alentejo: sabores sencillos, auténticos y llenos de carácter.
El hotel cuenta con una piscina espectacular y un spa que merece una mención especial. Disfruté allí de uno de los mejores masajes que me han dado, una experiencia que terminó de completar un fin de semana perfecto.
Mi momento favorito: las noches en silencio, contemplando el cielo completamente estrellado. Súper recomendable para temporada estival.
L’AND Vineyards
L’AND Vineyards fue mi último descubrimiento y, sin duda, uno muy especial. Rodeado de viñedos hasta donde alcanza la vista, este hotel tiene una atmósfera íntima y sofisticada, perfecta para desconectar del mundo y dejarse llevar por el paisaje. El tiempo no nos acompañó, estuvo lloviendo todo el fin de semana por lo que decidimos pasar casi todo el fin de semana en el hotel.
Las habitaciones son elegantes y minimalistas, con una clara influencia japonesa, y cuentan con grandes ventanales que conectan el interior con el exterior. Todo está pensado para el descanso: la calma del entorno, la luz natural y esos pequeños detalles que hacen que la estancia se sienta cómoda y cuidada.
La experiencia gastronómica y vinícola es uno de los grandes protagonistas. Degustar platos cuidadosamente elaborados, acompañados de vinos de la región, convirtió cada comida en un momento para disfrutar sin apuros.
Y como pequeño gran detalle personal: aquí probé, sin exagerar, el mejor cocktail de Negroni que he tomado en mi vida, perfecto para cerrar el día mientras la lluvía caía entre los viñedos.